Los días siguientes al rescate de Flora fueron extraños. Madre e hija tuvieron un reencuentro poco convencional, siendo sorprendentemente Cidira la menos entusiasmada por ello, como si ya se hubiese hecho profundamente a la idea de que su madre no estaba en el mundo y aquello le rompía los esquemas. Muchas conversaciones privadas tuvieron ambas en el transcurso de los días, y otras tantas que compartieron con Miry y conmigo, de temas más enfocados a la investigación y sobre cómo deberían proceder.
Resultó que los estudios de Flora y sus eruditos dieron sus frutos, mostrando que aquellos latidos eran una especie de preludio a un evento que ocurría cada varios siglos en Deloran. Dicho suceso en cuestión consistía en un eclipse, uno dado durante los escasísimos días de sol en aquel lugar tan diferente al mundo que conocemos. Y es que, al parecer, que ocurra un eclipse solar en precisamente ese momento significaba ya no solo el triunfo de la Oscuridad sobre la Luz en Deloran, sino que ni siquiera esos días prometidos con el sol en el firmamento estaban a salvo de las tinieblas. Hermoso, cuando menos.
Aparte de la cuestión filosófica había un componente sobrenatural inherente a dicho evento. Como bien sabían las brujas, tanto madre como hija, la Oscuridad está intrínsecamente relacionada con los sentimientos negativos como la desesperación y el miedo, y cuanto mayor es una, mayor es la otra, retroalimentándose. Es por eso que, justo en el día donde la gente podía sentir más esperanza con la salida del sol y el destierro de las tinieblas por unas horas, que dichos sentimientos se viesen aniquilados con un eclipse generaría un efecto opuesto, ocasionando aún más negatividad que en un día de oscuridad habitual en Deloran.
Todo eso estaba muy bien, pero yo seguía sin entender que ocurría con todo eso. El misticismo no es mi fuerte, bien lo sabré yo y las que me rodean, por lo que exigía saber a dónde iba a parar aquello… y resultó ser bastante importante. Al parecer, la mayor parte del poder de los llamados Dioses de la Oscuridad de Deloran provenía de la Oscuridad de la que se habían estado alimentando durante años, una Oscuridad formada, ya no solo por la de aquel lugar en sí, sino por el miedo, terror y agonía de los habitantes del lugar. Un suceso donde esos sentimientos se potenciasen sobremanera abría la puerta para poder realizar una especie de ritual único, donde uno de los Dioses de la Oscuridad podría hacerse con el poder de toda energía generada durante el eclipse y, por lo tanto, convertirse en “algo más”. Aunque, para poder hacerlo, debían poseer el suficiente poder personal como para soportar dicho cambio.
Lo único que seguía sin entender era que me importaba a mi todo aquello. Al fin y al cabo, el único motivo de mi presencia allí era averiguar el porqué de los latidos, con esa pregunta respondida ya no había motivos para seguir en Deloran pues, básicamente, solo debía esperar a que el eclipse pasara y dejaría de sentir esos molestos latidos que me llamaban. Flora me preguntó si acaso no deseaba el poder que me estaba llamando, ya que al escuchar esos latidos se me consideraba “candidata” para pasar por dicho ritual… pero la verdad es que no me interesaba en absoluto, no necesitaba algo así para ser feliz y seguir mi vida de siempre.
Curiosamente, aquella respuesta no pareció agradar del todo a la madre de Cidira. Pude ver una cierta decepción en su mirada, o quizás simplemente fuese extrañeza. No la culpo, no todo el mundo rechaza promesas de poder a la ligera, pero supongo que ella no me conocía nada en esos momentos ni uno de mis mayores defectos, aparentemente. Sea como fuese la cosa no iba a quedar así, ya que, tras indicar que no tenía intenciones de someterme a ese ritual, Flora argumentó que, de no hacerlo, su vida y la de Cidira correrían un grave peligro. Naturalmente me mostré exceptiva, pero cuando Flora explicó su línea de pensamiento todo cobró sentido.
Su teoría era que, ahora que ella había escapado de su yugo, si Xarabas conseguía completar el ritual y trascender su condición de Dios del a Oscuridad, buscaría venganza contra ella y, por extensión, contra Cidira al llevar su sangre. Flora teorizaba también que abandonar Deloran quizás no sería suficiente para estar seguras. Ahora tal vez pues, que ella supiera, ninguno de los tres dioses podía abandonar el lugar, a diferencia de mi al poseer a Nocheterna, pero que era posible que Xarabas adquiriese esa capacidad al ascender tras el ritual… La idea de que un ser tan poderoso fuese tras Cidira me llenó de angustia y preocupación, unos sentimientos que no me abandonarían mientras Xarabas siguiese respirando. Fue que llegué a la conclusión más simple pero satisfactoria para mí: Debía matarlo.
En plan consistía, esencialmente, en prepararnos los días que restaban para los días de sol y, una vez el momento llegase, asaltaría la fortaleza del Dios de la Oscuridad en su momento de mayor debilidad y le daría muerte, librándonos de la amenaza de su existencia para siempre. Yo tenía mis dudas, como era de esperar. Confiaba en mis capacidades, soy una buena duelista, los enfrentamientos uno contra uno son mi especialidad, de hecho… pero nunca antes había peleado contra un ser que se hacía llamar “dios”. Me preocupaba que sus dominios de las Sombras fuesen superiores a los míos, que poseyese algún poder especial extraño e inesperado que me pillase con la guardia baja, o cualquier otra que supusiese el final para mí. Y no era solo mi muerte la que ocurriría… pues sin mí, Cidira y Miry se verían atrapadas en Deloran para siempre, y serian cazadas por Xarabas eventualmente. Aquello era un asesinato que no podía darme el lujo de estropear, y estaba dispuesta a usar hasta el último gramo de mi poder para eliminar la amenaza que se cernía sobre uno de mis seres más queridos.
El momento finalmente llegaría. Se esperaba que, en unas horas, el sol despuntase finalmente en el horizonte y se alzase en el cielo. La ocasión ideal para acabar con el Dios de la Oscuridad. Ambas brujas usaron algo de su magia en mí, asegurando que eran hechizos defensivos y que me ayudarían en la batalla. Confiaba en ellas, o al menos en Cidira, y no iba a rechazar toda la ayuda que pudiese recibir, aunque fuese mágica y no me gustase.
Sea como fuese, me despedí de ellas y puse rumbo a la fortaleza de la que rescaté a Flora con un objetivo muy distinto: Hacer lo que mejor se hacer. Asesinar a una persona.
Corrí a gran velocidad hasta mi objetivo y me dispuse a infiltrarme haciendo uso de tanto mis habilidades de subterfugio como aquellas que me concedían mi dominio sobre el Ki. Pude percatarme de que las defensas de la fortaleza eran notablemente superiores a la vez anterior (Seguramente debido a la huida de Flora y, tal vez, al próximo amanecer). Sin embargo, pude lograr ir por los pasillos y distintas cámaras sin notables dificultades ni ser vista.
Mi objetivo era la recámara de Xarabas. Allí era donde se le veía retirarse o aparecer las veces que estaba por la fortaleza. Flora lo describió como una masa hecha de sangre con el aspecto de un hombre adulto, de porte elegante y majestuosa. Posiblemente se tratase de un avatar o una creación del verdadero Xarabas para no exponerse a sí mismo. ¿Signos de debilidad? ¿O simplemente precaución? Pronto lo averiguaría.
Localicé la entrada a los aposentos de Xarabas en el ala sur de la fortaleza, resguardando la doble puerta dos seres similares a los que pude ver cuando conocí a Flora. Varios de ellos rondaban los pasillos de la fortaleza, más ese par parecían excepcionalmente bien equipados. Podía sentir magia en sus armas y armaduras, sin duda eran soldados de élite o algo por el estilo… Poco importaba realmente.
Utilicé el mismo truco para tomar posesión de ambos guardianes que la otra vez. Mi dominio de la Oscuridad era suficiente como para controlar a ambos seres basados en dicho elemento. No esperaba que me ayudasen en la pelea, pero sí que se encargasen de que nadie interrumpiese mi trabajo tras ese umbral. Ambos se quedaron firmemente estacionados para asegurar dicha orden mientras yo atravesaba la pared tras hacerme intangible y no alertar de mi entrada a nadie en el interior de la habitación con algo tan burdo como usar la puerta de la misma.
Para mi sorpresa, la habitación vacía. No de mobiliario, naturalmente, pero no había un alma en ella. La amplia sala, digna de un rey en cuanto a decoración y comodidades, se encontraba sin nadie en su interior. Por más que mirase y rebuscase, no había rastro del avatar sangriento de Xarabas. Sin embargo, encontré otra cosa que llamó poderosamente mi atención: Había un espejo de cuerpo entero en un lado de la sala, con un marco de oro con rubíes engarzados que realmente no es que realmente desentonara con el resto de la habitación… lo que sí lo hacía era el reflejo que proyectaba. Al ponerse frente al espejo podía ver la sala tras de mí, pero ni rastro de mi propia presencia. Además, si prestaba atención, había sutiles diferencias entre lo que había realmente y el reflejo del espejo.
Nunca he sido buena en temas místicos y sobrenaturales, pero si lo suficiente como para saber identificar una puerta mágica cuando la veo, a pesar de que no sentir magia alguna en su superficie. ¿Quizás aquello llevaba a la Vigilia o a algún plano existencial similar? Me sentía recelosa de averiguarlo, pero había llegado hasta allí con una misión y no podía echarme atrás a esas alturas.
Así pues, reuní valor y me acerqué al espejo, alargando la mano para palpar su superficie y, como había temido, mis dedos traspasaron el cristal como si estuviese formado por una especie de líquido. Finalmente, todo mi ser pasó a través de dicho espejo, encontrándome en una réplica casi exacta de la habitación en cuestión.